16 de julio de 2012


Los efectos digitales y la imperiosa necesidad de la gran industria del cine por explotar héroes de comic avanzan con una rapidez inversamente proporcional a la capacidad de borrar películas de nuestra memoria. Es por eso que no hemos tenido tiempo suficiente para olvidar al Spiderman de Raimi cuando Hollywood, que no entiende de memoria y si de franquicias, reinicia la saga arácnida con las baratas excusas digitales y de popularidad adolescente de sus protagonistas.

Como saga cercana en el tiempo, el espectador joven recuerda sin esfuerzo y con agrado la transformación de Tobey Maguire en hombre araña, su beso invertido con Kirsten Dunst, la presencia de James Franco y Willem Dafoe como padre e hijo antagonistas o la música de Danny Elfman mientras el bueno de Spiderman sobrevolaba rascacielos en los que  todavía sonaban los ecos de la caída del World Trade Center.
The Amazing Spiderman” de Marc Webb, el realizador de la sobrevaloradisima “500 días juntos”, lejos de retomar la historia donde Raimi la dejó para avanzar cronológicamente, decide volver a los orígenes del superhéroe, pensando en una generación todavía menor e ignorando a ese público que no hace tanto fue testigo de las andanzas del héroe marvel. Con el evidente objetivo de este público teen, Webb adopta el tono liviano y pueril del blockbuster juvenil actual (el modelo “Crepúsculo” o “Los juegos del hambre”) enfatizando la ambientación de instituto, aumentando el trauma familiar y el tormento personal adolescente de un Peter Parker tímido y desplazado socialmente (un Andrew Garfield que es un catálogo de tics), aportando más minutos al romance entre carpetas forradas de Parker y Gwen Stacey (una fuera de sitio Emma Stone) que a las acciones de un superhéroe más bien nocturno y poco responsable que solventará en un abrir y cerrar de ojos su lucha con el villano de turno (Lagarto, encarnado por Rhys Ifans), en un climax final atropellado y precipitado propio del que ha administrado mal los tempos de la película.


Únicamente la presencia de un convincente Martin Sheen encarnando al tio Ben parece brillar con luz propia en una superproducción tan innecesaria como redundante que ni mejora ni aporta demasiada novedad a las  aventuras de la araña enmascarada que disfrutamos no hace tantos años.
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Written by Roberto García

Escrito con mucho esmero e ilusión desde Albacete. Comenta si te apetece y si no, escucha nuestro programa de radio, que también tiene su aquel.

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